Mensaje
de Benedicto XVI para la Jornada Mundial
de las Comunicaciones 2009
Queridos hermanos y hermanas:
Ante la proximidad de la Jornada Mundial
de las Comunicaciones Sociales, me es
grato dirigirme a vosotros para exponeros
algunas de mis reflexiones sobre el
tema elegido este año: Nuevas
tecnologías, nuevas relaciones.
Promover una cultura de respeto, de
diálogo y amistad. En efecto,
las nuevas tecnologías digitales
están provocando hondas transformaciones
en los modelos de comunicación
y en las relaciones humanas. Estos cambios
resaltan más aún entre
los jóvenes que han crecido en
estrecho contacto con estas nuevas técnicas
de comunicación y que, por tanto,
se sienten a gusto en el mundo digital,
que resulta sin embargo menos familiar
a muchos de nosotros, adultos, que hemos
debido empezar a entenderlo y apreciar
las oportunidades que ofrece para la
comunicación. En el mensaje de
este año, pienso particularmente
en quienes forman parte de la llamada
generación digital. Quisiera
compartir con ellos algunas ideas sobre
el extraordinario potencial de las nuevas
tecnologías, cuando se usan para
favorecer la comprensión y la
solidaridad humana. Estas tecnologías
son un verdadero don para la humanidad
y por ello debemos hacer que sus ventajas
se pongan al servicio de todos los seres
humanos y de todas las comunidades,
sobre todo de los más necesitados
y vulnerables.
El fácil acceso a teléfonos
móviles y computadoras, unido
a la dimensión global y a la
presencia capilar de Internet, han multiplicado
los medios para enviar instantáneamente
palabras e imágenes a grandes
distancias y hasta los lugares más
remotos del mundo. Esta posibilidad
era impensable para las precedentes
generaciones. Los jóvenes especialmente
se han dado cuenta del enorme potencial
de los nuevos medios para facilitar
la conexión, la comunicación
y la comprensión entre las personas
y las comunidades, y los utilizan para
estar en contacto con sus amigos, para
encontrar nuevas amistades, para crear
comunidades y redes, para buscar información
y noticias, para compartir sus ideas
y opiniones. De esta nueva cultura de
comunicación se derivan muchos
beneficios: las familias pueden permanecer
en contacto aunque sus miembros estén
muy lejos unos de otros; los estudiantes
e investigadores tienen acceso más
fácil e inmediato a documentos,
fuentes y descubrimientos científicos,
y pueden así trabajar en equipo
desde diversos lugares; además,
la naturaleza interactiva de los nuevos
medios facilita formas más dinámicas
de aprendizaje y de comunicación
que contribuyen al progreso social.
Aunque nos asombra la velocidad con
que han evolucionado las nuevas tecnologías
en cuanto a su fiabilidad y eficiencia,
no debería de sorprendernos su
popularidad entre los usuarios, pues
ésta responde al deseo fundamental
de las personas de entrar en relación
unas con otras. Este anhelo de comunicación
y amistad tiene su raíz en nuestra
propia naturaleza humana y no puede
comprenderse adecuadamente sólo
como una respuesta a las innovaciones
tecnológicas. A la luz del mensaje
bíblico, ha de entenderse como
reflejo de nuestra participación
en el amor comunicativo y unificador
de Dios, que quiere hacer de toda la
humanidad una sola familia. Cuando sentimos
la necesidad de acercarnos a otras personas,
cuando deseamos conocerlas mejor y darnos
a conocer, estamos respondiendo a la
llamada divina, una llamada que está
grabada en nuestra naturaleza de seres
creados a imagen y semejanza de Dios,
el Dios de la comunicación y
de la comunión.
El deseo de estar en contacto y el instinto
de comunicación, que parecen
darse por descontados en la cultura
contemporánea, son en el fondo
manifestaciones modernas de la tendencia
fundamental y constante del ser humano
a ir más allá de sí
mismo para entrar en relación
con los demás. En realidad, cuando
nos abrimos a los demás, realizamos
una de nuestras más profundas
aspiraciones y nos hacemos más
plenamente humanos. En efecto, amar
es aquello para lo que hemos sido concebidos
por el Creador. Naturalmente, no hablo
de relaciones pasajeras y superficiales;
hablo del verdadero amor, que es el
centro de la enseñanza moral
de Jesús: "Amarás
al Señor tu Dios con todo tu
corazón, con toda tu alma, con
toda tu mente y con todas tus fuerzas",
y "amarás a tu prójimo
como a ti mismo" (cf. Mc 12, 30-31).
Con esta luz, al reflexionar sobre el
significado de las nuevas tecnologías,
es importante considerar no sólo
su indudable capacidad de favorecer
el contacto entre las personas, sino
también la calidad de los contenidos
que se deben poner en circulación.
Deseo animar a todas las personas de
buena voluntad, y que trabajan en el
mundo emergente de la comunicación
digital, para que se comprometan a promover
una cultura de respeto, diálogo
y amistad.
Por lo tanto, quienes se ocupan del
sector de la producción y difusión
de contenidos de los nuevos medios,
han de comprometerse a respetar la dignidad
y el valor de la persona humana. Si
las nuevas tecnologías deben
servir para el bien de los individuos
y de la sociedad, quienes las usan deben
evitar compartir palabras e imágenes
degradantes para el ser humano, y excluir
por tanto lo que alimenta el odio y
la intolerancia, envilece la belleza
y la intimidad de la sexualidad humana,
o lo que explota a los débiles
e indefensos.
Las nuevas tecnologías han abierto
también caminos para el diálogo
entre personas de diversos países,
culturas y religiones. El nuevo espacio
digital, llamado ciberespacio, permite
encontrarse y conocer los valores y
tradiciones de otros. Sin embargo, para
que esos encuentros den fruto, se requieren
formas honestas y correctas de expresión,
además de una escucha atenta
y respetuosa. El diálogo debe
estar basado en una búsqueda
sincera y recíproca de la verdad,
para potenciar el desarrollo en la comprensión
y la tolerancia. La vida no es una simple
sucesión de hechos y experiencias;
es más bien la búsqueda
de la verdad, del bien, de la belleza.
A dichos fines se encaminan nuestras
decisiones y el ejercicio de nuestra
libertad, y en ellos -la verdad, el
bien y la belleza- encontramos felicidad
y alegría. No hay que dejarse
engañar por quienes tan sólo
van en busca de consumidores en un mercado
de posibilidades indiferenciadas, donde
la elección misma se presenta
como el bien, la novedad se confunde
con la belleza y la experiencia subjetiva
suplanta a la verdad.
El concepto de amistad ha tenido un
nuevo auge en el vocabulario de las
redes sociales digitales que han surgido
en los últimos años. Este
concepto es una de las más nobles
conquistas de la cultura humana. En
nuestras amistades, y a través
de ellas, crecemos y nos desarrollamos
como seres humanos. Precisamente por
eso, siempre se ha considerado la verdadera
amistad como una de las riquezas más
grandes que puede tener el ser humano.
Por tanto, se ha de tener cuidado de
no banalizar el concepto y la experiencia
de la amistad. Sería una pena
que nuestro deseo de establecer y desarrollar
las amistades on line fuera en deterioro
de nuestra disponibilidad para la familia,
los vecinos y quienes encontramos en
nuestra realidad cotidiana, en el lugar
de trabajo, en la escuela o en el tiempo
libre. En efecto, cuando el deseo de
conexión virtual se convierte
en obsesivo, la consecuencia es que
la persona se aísla, interrumpiendo
su interacción social real. Esto
termina por alterar también los
ritmos de reposo, de silencio y de reflexión
necesarios para un sano desarrollo humano.
La amistad es un gran bien para las
personas, pero se vaciaría de
sentido si fuese considerado como un
fin en sí mismo. Los amigos deben
sostenerse y animarse mutuamente para
desarrollar sus capacidades y talentos,
y para poner éstos al servicio
de la comunidad humana. En este contexto
es alentador ver surgir nuevas redes
digitales que tratan de promover la
solidaridad humana, la paz y la justicia,
los derechos humanos, el respeto por
la vida y el bien de la creación.
Estas redes pueden facilitar formas
de cooperación entre pueblos
de diversos contextos geográficos
y culturales, permitiéndoles
profundizar en la humanidad común
y en el sentido de corresponsabilidad
para el bien de todos. Pero se ha de
procurar que el mundo digital en el
que se crean esas redes sea realmente
accesible a todos. Sería un grave
daño para el futuro de la humanidad
si los nuevos instrumentos de comunicación,
que permiten compartir saber e información
de modo más veloz y eficaz, no
fueran accesibles a quienes ya están
social y económicamente marginados,
o si contribuyeran tan sólo a
acrecentar la distancia que separa a
los pobres de las nuevas redes que se
desarrollan al servicio de la información
y la socialización humana.
Quisiera concluir este mensaje dirigiéndome
de manera especial a los jóvenes
católicos, para exhortarlos a
llevar al mundo digital el testimonio
de su fe. Amigos, sentíos comprometidos
a sembrar en la cultura de este nuevo
ambiente comunicativo e informativo
los valores sobre los que se apoya vuestra
vida. En los primeros tiempos de la
Iglesia, los Apóstoles y sus
discípulos llevaron la Buena
Noticia de Jesús al mundo grecorromano.
Así como entonces la evangelización,
para dar fruto, tuvo necesidad de una
atenta comprensión de la cultura
y de las costumbres de aquellos pueblos
paganos, con el fin de tocar su mente
y su corazón, así también
ahora el anuncio de Cristo en el mundo
de las nuevas tecnologías requiere
conocer éstas en profundidad
para usarlas después de manera
adecuada. A vosotros, jóvenes,
que casi espontáneamente os sentís
en sintonía con estos nuevos
medios de comunicación, os corresponde
de manera particular la tarea de evangelizar
este "continente digital".
Haceos cargo con entusiasmo del anuncio
del Evangelio a vuestros coetáneos.
Vosotros conocéis sus temores
y sus esperanzas, sus entusiasmos y
sus desilusiones. El don más
valioso que les podéis ofrecer
es compartir con ellos la "buena
noticia" de un Dios que se hizo
hombre, padeció, murió
y resucitó para salvar a la humanidad.
El corazón humano anhela un mundo
en el que reine el amor, donde los bienes
sean compartidos, donde se edifique
la unidad, donde la libertad encuentre
su propio sentido en la verdad y donde
la identidad de cada uno se logre en
una comunión respetuosa. La fe
puede dar respuesta a estas aspiraciones:
¡sed sus mensajeros! El Papa está
junto a vosotros con su oración
y con su bendición.
Vaticano, 24 de enero de 2009, fiesta
de San Francisco de Sales.
BENEDICTUS PP. XVI
|